La Odisea (liberada) de Homero, o como asegurarse una mala nota en griego.
Pensaba que sería un tostón. Pero no. Ha sido de lo más entretenido.
Me alegro de no haberlo leído mientras estudiaba porque el suspenso habría estado asegurado. O eso, o una conversación muy seria, con muchas palabras largas, con mi profesor de griego.
Ulises, el héroe, es insufrible, a ratos anodino y casi todo el tiempo embustero y fabulador, casi más pirata y ladrón que rey. Se limita a dejarse ir de acá para allá; claro que en eso no tiene la culpa, realmente. Caprichos de los dioses, ya se sabe. Pero es que cuando llega nunca llama a la puerta y pide cobijo. No. Él recala en playas ajenas, se come las cabras de otros y luego protesta porque se enfadan con él y lo castigan.
Cuestión a parte son sus dotes de liderazgo. Según mi edición llega a Troya con doce naves y unos cientos veinte hombres en cada una. Cuando por fin arriba a Ítaca se ha dejado por el camino las doce naves y mil cuatrocientos cuarenta hombres. Bueno, él no. Los dioses, ya se sabe.
Lo que sí que hace él es mencionar en más de una ocasión sus poderosos muslos y cómo las mujeres que va encontrando por el camino, diosas en su mayor parte, se enamoran de él y los reyes le ofrecen ágapes. Porque eso sí, pasa la mayor parte de la aventura comiendo.
Tengo mis dudas de ese atractivo arrollador. Cierto que el amor es ciego, pero Calipso no aparece más que por referencias. Circe sí aparece. Maravillosa Circe. Es ella la que le explica cómo resistir los cantos de sirena, cómo atravesar el estrecho de Escila y cómo navegar el remolino de Caribdis. Y tengo la impresión de que lo hace más por el placer de quitárselo de encima, a él y a sus hombres, que por el deseo de ayudarle.
Mi edición incluye también La versión de Penélope, de Margaret Atwood, que resarce a Penélope de la versión de Homero.
Las ilustraciones de Calpurnio son maravillosas, por cierto.
Y no tengo más que añadir. Quizá no haya dicho muchos de los dioses. Allí están, como siempre, jugando a las marionetas con nosotros.
Volviendo la vista atrás, ha sido una lectura divertidísima.
Abajo Calpurnio, los ágapes y palabras sabias de Margaret Atwood.





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