Niña de septiembre
Ven. Siéntate a mi lado. Déjame, niña, que te cuente el cuento de aquella vez que llegó al pueblo un cuentacuentos. También era un tahúr, un buhonero y un embustero. Apareció con el mes de enero, abriendo surcos en la nieve. Se detuvo en el prado, extendió toldos, desplegó mesas y luego, con una voz que hizo ronronear a los gatos, anunció: —¡Vendo botas de siete leguas! ¡Capas de color rojo con caperuzas y botones hechos con dientes de lobo! ¡Habichuelas que florecerán seguro en primavera! ¡Vendo espejos en los que se verán siempre bonitas, señoras! ¡Y para ustedes, caballeros, vendo elixires que les quitarán el miedo! ¡Para los niños y no tan niños, traigo cuentos! Por tres monedas, sólo por tres, contaré el cuento de aquél príncipe, en un lugar de Arabia, que una noche se fue a su lecho y se vio privado de sueño. Harto de noches blancas, hizo venir a los sabios de su palacio; cuando estos no le ofrecieron ni cura ni solución, a los sabios del reino. Convocó...