Mala con marca registrada
Si algo me ha enseñado este último mes es que no se puede ser buena, que aunque una tenga el alma de un cerdito constructor de pajares, a veces toca colgar la capa roja y ser mala. Pero mala de verdad. Mala de carácter, de fibra y de nervio. Mala con todo el atrezo. Mala Disney. El cutis perfecto, los ojos delineados de negro, los labios rojos y el pelo brillante y bien recogido, inasequible al cierzo. ¿Y qué decir del guardarropa? Vestidos entallados, de raso y terciopelo negro. Zapatos de tacón afilado para clavar los pasos en el asfalto. Capas largas de esas que ondean detrás de una como una sombra y no presagian nada bueno. Quizá demasiado llamativo para mi gusto, pero cuando hacen falta medidas firmes no valen remilgos. No, lo que toca ahora es llevar la espalda recta y la barbilla alta, conservar el pulso tranquilo y las intenciones firmes. Además, luego llega lo divertido de verdad. Las manzanas envenenadas, los husos envenenados, los tratos en...