El don del capitán Lee Ming
Cuando alguien le dice al Capitán Lee Ming que La Nodriza es vieja es que quiere conseguir algo. La Nodriza es más que vieja. En un museo, sería una reliquia de los primeros tiempos del comercio estelar. Allá afuera, navegando, la Nodriza es un trasto que se mantiene de una pieza porque Viktor es capaz de mantener unido el motor con una mezcla de hilo dental y soldadura, y que llega a puerto y consigue aterrizar gracias a la pericia de Carmina. Por supuesto, ni los remaches, ni las sujeciones con cinta aislante, ni el petardeo que acompaña nuestros despegues, han conseguido convencer al Capitán de que ni siquiera en las plantas de desguace querrían a La Nodriza. Tampoco lo han conseguido los insultos de Viktor cada vez que salta la alarma de emergencia alertando de una crisis en los sistemas de oxigenación ni el silencio reconcentrado de Carmina cuando el panel de navegación hace un fundido a negro. No hace mucho unos alerones se soltaron de manera vergonzosa cuando nos vimo...