Anita (parte 1 de 4)
El sombrero coronaba todo el montón de ropa descartada. A medio camino entre un bonete, una diadema y un lazo demasiado grande para cualquier cabeza. El tipo de extravagancia que su señora, deseosa de seguir las modas, pero incapaz de intuir en qué dirección iban, compraba y descartaba cada semana según lo que dictaban las revistas que adquiría por docenas. La señora llevaba un rato hablando y ella se había perdido casi todo lo que había dicho. Pero es que el lazo era realmente grande. —… para llevar a la caridad. Por supuesto, puedes coger lo que quieras, ya lo sabes. Anita ya lo sabía. La primera vez que la señora le había ofrecido que cogiera su ropa descartada, se había sentido ofendida, pero le pasó pronto. El salario era escaso, los abrigos, de buen paño, y el frío era frío. Además, las condiciones del trabajo no eran malas: un sábado libre de cada tres y la tarde de los miércoles. El sábado lo dedicaba a ir a la estación de trenes, abrir su monedero y comprar un billete de...