El 2025 en libros. Mucho Tintín, alguna autora favorita, pocas relecturas y unos cuantos que no.
Si tuviera que hacer una reflexión del año 2025, en lo que a lecturas se refiere, diría que no he cumplido ninguna de mis intenciones. Si pretendía comprar menos libros, no lo he hecho; si pretendía leer algo que no fuera solo literatura angloamericana, tampoco. Si en algún momento quise reducir mi estante de libros pendientes, he conseguido que rebose.
Sin más, de comienzo el repaso a los libros leídos en 2025.
Un mar sin estrellas, de Erin Morgenstern
Uno de esos libros de una de esas autoras que siempre tengo intención de releer pero nunca releo abrumada con el ritmo insensato de publicación de la industria editorial.
Confirmo mi primera impresión de que es bonito hasta rabiar: metáforas sin mesura, descripciones sensoriales, estructuras narrativas desordenadas y referencias literarias. Vamos, todo lo que me gusta.
Imperdonable no haberlo releído antes.
Tintín en América, de Hergé
Tintín siempre es bienvenido.
Las joyas de la Castafiore, de Hergé
Y si a Titín lo acompaña mi adoradísimo Capitan Haddock, más.
Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
Nadie debería dejar pasar un año sin releer a Jane Austen. ¡Y que haya quién la tome por una escritora de romance!
No, Jane Austen es lúcida y afilada. Como deberíamos ser todos.
La maldición del rubí, de Philip Pullman
A la espera de que publiquen el último libro de la materia oscura, me entretengo con una de aventuras.
Buenos días tristeza, de Françoise Sagan
Adolescente francesa egoista y caprichosa desencadena la tragedia y sigue siendo egoísta y caprichosa. Si acaso, un poco más triste que antes.
Nada que objetar.
Kafka en la orilla, de Haruki Murakami
Con Murakami me pasa que no entiendo todo lo que dice, pero me cautiva cómo lo dice.
Otro de esos autores que debería releer cada año.
Cuando ellas fueron dragones, de Kelly Barnhill
Una premisa interesante (un día casi todas las mujeres se convierten en dragones y echan a volar) y ya. Demasiada corrección política para mi gusto. Demasiado interés por enviar un mensaje a gritos y por tachar todas las casillas de lo que se considera progresista y avanzado y liberador. A años luz de Jane Austen, que con más sutileza y elegancia ( bastantes menso páginas) conseguía más.
El mar de la tranquilidad, de Emily St. John Mandel
Si es que yo no debería leer libros sobre pandemias. Es el segundo libro de la autora que leo (el primero fue Estación once) y no me han convencido ni la temática ni el estilo.
Té para los fantasmas, de Chris Vuklisevic
Este sí.
Dos hermanas brujas, teteras respondonas, secretos familiares, una lluvia eterna, plantas tóxicas y mariposas aún más tóxicas.
Y un lenguaje riquísimo (un gran aplauso para la traductora (M. Dolores Torres París) que me hizo ir a buscar un trozo de papel para apuntar todas las palabras nuevas que me iba encontrando.
Y una ambientación cautivadora.
Y una narración que salta en el tiempo, de esas que a mi me pierden.
El descubrimiento del año.
Por supuesto, para releer.
Eau de toilette, de Joanne Harris
Lo que pasa con las colecciones de relatos es que unos gustan y otros no. A no ser que sean de Cortazar o de Roald Dahl, que entonces gustan todos.
Es difícil llegar a la altura de su Chocolat.
La princesita, de Frances Hodgson Burnett
Niñas victorianas que hablan y razonan con ancianas viudas pasan penurias hasta que al final todo sale bien.
¡Cómo lo disfruté!
Tiempo de espera, de Elizabeth Jane Howard
Cotilleos de la familia Cazalet. Entretenido, pero no he seguido con la saga. Veremos.
Tintín, aterrizaje en la luna, de Hergé
Si es que adoro a Tintín y tengo debilidad por el capitán Haddock
El nombre del viento, de Patrick Rothfuss
Otra de esas relecturas pendientes.
El hechizo fue el mismo que la primera vez.
El vuelo del dragón, de Anne McCaffrey
Uno de esos clásicos del género fantástico. Como curiosidad estuvo bien.
Heidi, de Johanna Spyri
Clásico infantil que no sé por qué nunca había leído. Aunque suene a sacrilegio, prefiero la serie de dibujos animados.
Luna de agua, de Samantha Sotto Yambao
Mal escrito, mal estructurado, personajes pobres, clichés a cada página, giros argumentales inverosímiles que me hacían retroceder unas cuantas páginas para comprobar si me había saltado algún párrafo y por eso no lo estaba entendiendo.
Aguanté veinte páginas y luego lo doné. Quizá haya encontrado a su lector ideal. Yo, desde luego, no lo fui.
Erik Vogler, los crímenes del rey blanco, de Beatriz Oses
Divertido. Sobre todo por el protagonista, que es insufrible.
El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono
Hay libros que cautivan y cambian la vida del que los lee. Este no fue mi caso. Y eso que me vino muy recomendado.
La hija del tiempo, de Josephine Tey
O como resolver un misterio que sucedió hace siglos sin salir de la cama del hospital. Y, de paso, por qué no deberíamos creer lo que se supone que "es cierto y sucedió porque lo dice todo el mundo".
Primer libro de la autora que leía. Leeré más.
La abeja reina, de Seishi Yokomizo
En mis deseos de alejarme de la literatura angloamericana me adentré en una novela policiaca japonesa. Como curiosidad, no estuvo mal. El misterio y su resolución me dejaron algo fría.
Una vida mágica, de Diana Wynne Jones
Magos ingleses, niños crueles y adultos despistados. Mi elemento.
Una espía muy real, de Janet Quin-Harkin/Rhys Bowen
Una novelita de misterio sin pretensiones y, quizá por eso mismo, muy correcta, muy agradable y muy entretenida.
Secretos y escándalos, de Laura Wood
Otra novelita de misterio sin pretensiones e igualmente muy correcta, muy agradable y muy entretenida. Si es que a veces no hace falta dejar huella en la literatura universal. Basta con proponerse hacer pasar un buen rato al lector y disfrutar escribiendo una historia sin complicaciones.
Vuelo 714 para Sidney, de Hergé
Ay, me repito. Pero no me disculpo.
Ls vidas de Christopher Chant, de Diana Wynne Jones
Sigue el hilo de una vida mágica, con magos ingleses, niños crueles y adultos despistados.
El libro del verano, de Tove Jansson
Si es que no le tengo que hacer caso a lo que veo en redes sociales.
La historia de una niña gruñona y de su abuela igualmente gruñona. Todo el mundo parecía estar leyéndolo este verano y disfrutándolo hasta el ronroneo. A mi me costó terminarlo.
Sotck de coque, de Hergé
Más Tintín. Y sigo sin disculparme.
Demasiados coches fúnebres, de Edmund Crispin
Último libro publicado de mi adoradísimo profesor Fenn después de años de sequía.
Detectives ingleses inmensamente despistados que, sin saber cómo, descubren al asesino.
Me encantó.
Papá Piernaslargas, de Jean Webster
Relectura.
Una huérfana va a la universidad y narra su día a día en las cartas que envía a su patrocinador. Es una delicia: ágil, moderna y divertida. Y la volveré a leer.
El templo del sol, de Hergé
Pues visto en retrospectiva, si que ha habido mucho Tintín. Pero no pasa nada porque Tintín es como un plato de cuchara. Es imposible que siente mal.
La señorita Pym dispone, de Josephine Tey
Una novela igual de estupenda que La hija del tiempo. Nunca había visto a una protagonista resolver un asesinato y quedarse tan abatida por su propio descubrimiento. Si los libros no hubieran subido de precio como lo están haciendo y yo no estuviera tan abrumada por las novedades, seguiría con esta autora, pero es que el tiempo no me da para tanto y la cartera se resiente.
Los magos de Caprona, de Diana Wynne Jones
Último libro de la serie de Una vida mágica. No tiene el encanto de los dos anteriores, pero es entretenido.
Semana bruja, de Diana Wynne Jones
Un poquito mejor que el anterior, pero los dos primeros siguen siendo mis favoritos,
El libro del sepulturero, de Oliver Potzsch
Bien porque me leo algo que no es una traducción de inglés.
Entretenido, pero flojito. O yo esperaba más. Le faltaba la sustancia que pueda tener, por ejemplo, Lemaitre.
Creo que la literatura contemporánea no es lo mío.
Un asunto de familia, de Hirozaku Kore-eda
Una historia con muchas capas que se van retirando sobre una familia que no es una familia, pero es más familia que muchas que sí lo son. ¿Lioso?
Ya he dicho que tenía muchas capas.
La mansión embrujada, de Mary Stewart
Yo esperaba encontrarme con la historia de una joven que hereda una casita en la campiña inglesa y descubre que es una bruja y tiene un enfrentamiento épico con su vecina, también bruja.
En lugar de eso me encuentro con la historia de una joven que hereda una casita en la campiña inglesa, que pasa mucho tiempo limpiándola y arreglándola y que pudiendo ser una bruja decide no serlo.
La culpa es mía por esperar cosas.
Nosotros los ahogados, de Carsten Jensen
Libro gordísimo que narra la historia de un pueblo de pescadores danés y su relación con el mar a lo largo de varias generaciones. Mejor de lo que me esperaba. Pero gordísimo. Tuve que perseverar para terminarlo.
Oveja mansa, de Connie Willis
Sátira brevísima ambientada en un laboratorio de investigación sobre el origen de las modas. O por qué somos todos borregos en un grandísimo rebaño.
El secreto del bosque viejo, de Dino Buzzali
Un bosque encantado, un niño de corazón puro y un tío malvado como solo pueden serlo los personajes malvados de los cuentos de hadas.
Donantes de sueño, de Karen Russell
Otro libro con una premisa interesante: se desata una epidemia de insomnio que resulta mortal si no se trata con transfusiones de sueño procedentes de donantes.
Otro libro que no termina de hacer tilín. Difícil concretar el por qué.
A punta de espada, de Ellen Kushner
Un libro de espadachines que me dejó con la sensación de haber leído una larguísima introducción a una saga de novelas de espadachines.
De nuevo, otro que no me terminó de hacer tilín.
El tilín es importante.
Si los animales pudieran hablar, de James Herriot
James Herriot me parece adorable, sus aventuras son encantadoras y me reconcilia con el mundo en esos días en los que lo que me apetece es coger una caja de cerillas y prenderle fuego a toda la existencia. Así de bíblica me pongo a veces.
Titus solo, de Mervyn Peake
Tercer volumen de la saga de Titus Groan. Y es excéntrico, imaginativo, casi repulsivo en sus descripciones, excesivo en todos los aspectos. Una maravilla.
(Lo que yo decía. La importancia del tilín.
Hasta que empieza a brillar, de Andrés Newman
Una de esas lecturas de las que no sabes nada y no esperas nada y que te sorprende para bien. La vida novelada de María Moliner. Muy, muy recomendable.
El chico en la oscuridad, de Mervyn Peake
Más un libro de acompañamiento de la saga que el último volumen.
Una rareza apta para incondicionales de los tres primeros.
Tengo que decir que me metí en esta lectura porque soy un poco repelente y me gustan las cosas raras y ha sido uno de los descubrimientos de los últimos años.
Seis de cuervos, de Leigh Bardugo
Por una parte, quería hacer una relectura del libro. Está escrito desde media docena de puntos de vista y quería ver, con calma, cómo organizaba la información y cómo se concretaba la voz de cada personaje. Una, que tiene sus rarezas.
Por otra, quería leerme una buena novela de aventuras. Sin pretensiones. Puro divertimento bien ejecutado.
Conseguí los dos objetivos. Y tan contenta.
Reino de ladrones, de Leigh Bardugo
Continuación del anterior. E igual que con el anterior, tan contenta.
La colección de historias perdidas de Emily Wilde, de Heather Fawcett
El primer libro de la trilogía (si, parece que ahora los libros se escriben de tres en tres) me encantó. Novela de aventuras, protagonista casi, casi antipática, antagonista encantador e irritante, y hadas de todas las clases (sobre todo, malvadas).
El segundo, flojeó un poco.
El tercero, no. Emily Wilde se convierte en una persona insufrible que en cada página nos dice cuánto quiere a su prometido, qué indigna es de él, y que va del país de las hadas al reino de los mortales, dando bandazos, sin saber qué es lo que quiere hacer. Así no.
Sally y la sombra del norte, de Philip Pullman
Philip Pullman nunca defrauda. Continuación de La maldición del rubí. Aventuras en la Inglaterra victoriana y un ejemplo de cómo hacer crecer a los personajes y no mostrar misericordia con ellos.
El señor de la noche, de Tanith Lee
Otro de los descubrimientos del año.
Historia con tintes orientales, muy oscura y con un aire de las mil y una noches. Con personales que van desapareciendo y apareciendo en historias que, en apariencia, no guardan conexión.
Magia práctica, de Alice Hoffman
No me convenció. Y fue una lástima porque lo esperaba con ganas y. Creo que, cosa rara, la película me gusta más.
Poca magia y mucho realismo. Brujas que casi no lo son. Suburbios estadounidenses y dos hermanas permanentemente enfadadas.
¡Es que la película es tan bonita!
Shady Hollow, de Juneau Black
Otro que también esperaba con ganas y que tampoco me convención.
Misterio ambientado en una ciudad poblada sólo por animalitos. Lo mas original, los animalitos. El misterio termina por ser uno de esos que se resuelve de una manera y se podría haber resuelto de cualquier otra.
Creo que el género cozy mistery no es para mi.
Posesión de A. S. Byatt
Dos académicos investigan un misterio ocurrido un centenar de años atrás a través de poemas y cartas de dos poetas. Muy bien escrito. Muy bien ejecutado. Y el mejor ejemplo de por qué no hay que empeñarse en leer según que cosas cuando una no tiene la cabeza para esforzarse.
Si no me gustó, la culpa es sólo mía.
Los diarios de Cereza, 6. El viaje y el olvido, de Joris Chamblain
Último comic de la serie. Cereza se nos hace mayor y vuelve a mirar el pasado con cariño y atisba el futuro con ilusión. Lo que pasa cuando una tiene doce años y está feliz.
El bosque en pleno invierno, de Susanna Clarke
Cuento de hadas, brevísimo de una de mis escritoras contemporáneas favoritas. Hay un bosque, una cerdita que se llama Manzana y que habla, una cría de oso y mucha nieve y una vuelta de tuerca a las historias de los santos. Parece mentira todo lo que cabe en tan poquito espacio.
Las ilustraciones son bellísimas.
Neuromante, de William Gibson
Uno de esos clásicos de la ciencia ficción que una se empeña en leer. A ratos se nota que ha envejecido mal; a ratos es inquietamente profético. La mayor parte del tiempo no tengo ni idea de qué está sucediendo, en parte por el abundantísimo uso de un argot que me da que debió ser imposible de traducir con cierto sentido.
Leido una vez William Gibson, lo tacho de mi lista.
Y fin.
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