El final del cuento



Deja que eche otro leño al fuego. No pensaba pasar tanto tiempo fuera de la cabaña y se ha enfriado. Es una chimenea impresionante, lo sé. La mandé hacer al estilo de las izbas, las chozas rusas. Ocupa casi toda la cocina pero tiene sus ventajas. Por ejemplo, dentro cabe un hombre entero. Durante la Segunda Guerra Mundial hubo quien escapó de los nazis escondiéndose ahí; o eso dicen. 
Así mejor, ¿no crees? Nada como un buen fuego para calentar el cuerpo. Y para contar un cuento. ¿Alguna vez has contado un cuento? En realidad no es tan difícil. No importa muy bien qué cuentes mientras aparezcan siempre los mismos personajes: un rey, un héroe, un aliado… arquetipos los llaman ahora. Figuras universales, patrones del subsconsciente colectivo. Da igual dónde busques, siempre están ahí. Pintados en lienzos o grabados en piedra; en las cartas del tarot o en los cuentos de hadas. 
La doncella, la madre y la anciana. 
El sabio. 
El bufón. 
La bruja. 
Pareces incómodo. Deja que te ayude. ¿Ves? Una almohada bajo la cabeza arregla muchos males. No hay por qué estar mal pudiendo estar bien. Eso fue lo que me dije cuando me vine a vivir a esta cabaña. Hay quien dirá que está demasiado apartada, pero yo creo que la soledad tiene sus ventajas. 
Mira a Circe si no. La pobre muchacha transforma a Escila en un monstruo y su padre Helios la destierra a Eea. ¿Acaso se amilanó? ¿Se desesperó? ¿Se mesó los cabellos implorando perdón? No. Aprovechó su tiempo, estudió, practicó. Créeme si te digo que hizo falta mucha maestría para transformar a toda la tripulación de Odiseo en cerdos. Una transformación merecida, en mi opinión. ¿Qué derecho tenían a desembarcar en sus costas y matar a sus animales?
Supongo que es uno de los inconvenientes de estar desterrada en una isla diminuta del Mediterráneo. Una vez que saben que estás ahí es inevitable que te encuentren. Pero no todas podemos disponer de una choza que se desplaza sobre patas de gallina. ¿Sabes? Siempre hay que admirar a los maestros. Y no ha existido nadie como Baba Yaga. Hacer que unas patas de gallina se muevan solas no es difícil; cualquiera con unas nociones básicas puede hacerlo. Pero conseguir que la casa se mantenga estable sobre las patas, eso es casi imposible. Hay que calcular pesos y contrapesos, hay que tener en cuenta las oscilaciones del terreno y la contracción de los materiales durante los inviernos de los Urales. Pero alguien tan voluble como ella, que lo mismo devoraba a un niño que ayudaba a un viajero, se hubiera marchitado si se hubiera visto atada a un lugar estación, tras estación. 
Hablando de atar, deja de forcejear, por favor. Llevo siglos haciendo nudos; no podrás soltarle. Lo único que vas a conseguir es ponerte nervioso y eso reseca la carne. Por lo que tengo entendido el cuerpo consume glucógeno y eso genera ácido láctico. Palabrería moderna, en mi opinión. Lo que sucede, sucede. No hace falta ponerle un nombre a todo. 
Aunque reconozco que algo de razón tenías al sobresaltarse cuando nos hemos cruzado. Llevaba tres días recolectando raíces, por eso tengo este aspecto. Pero una no puede estar siempre pensando en su imagen y no todas nacimos con el don del kitsune. ¿Imaginas lo que debe ser poder elegir tu forma? ¿Ser zorro o mujer a voluntad?. No se las ve mucho fuera de Japón. A fin de cuentas, la tierra en la que nacimos pesa mucho.
Si no fueras a gritar te quitaría la mordaza, pero sé que lo harás. Todos lo hacéis. Aún así, me gustaría saber. Antes, cuando nos hemos encontrado en el claro, ¿que te ha hecho pensar que de todas las criaturas que había allí, la más peligrosa eras tú. ¿Acaso no te contaron cuentos de niño? Me atrevería a decir que sí lo hicieron, pero no los escuchaste. O los olvidaste después. Una pena, porque ahí estaba todo lo que necesitabas saber. No te alejes del camino, no permanezcas en el bosque al caer la noche, desconfía de la mujer solitaria entre los árboles. Y si, pese a todo decides ser tan estúpido como para adentrarte en la espesura, nunca lo hagas con las manos vacías. Lleva contigo un presente, apréndete de memoria tres acertijos que te sirvan para ganar tiempo, marca el camino de vuelta con migas de pan, o con un hilo de lana. Las armas, francamente, sólo les fueron útiles a los cazadores y con ellos terminamos hace tiempo. 
Pero qué le vamos a hacer. Esto no es un cuento de hadas, tu no eres una dama en apuros y esta sí es la cabaña de una bruja. Pareces un chico listo. Seguro que puedes adivinar el final del cuento. 

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