De buena mañana
Cuando el ascensor para en mi piso trae consigo a mis vecinos de arriba. Mi «Buenos días» se queda sin respuesta. El silencio que se traen entre manos les ocupa mucho. Ella se mira los zapatos, de un bonito tono crema que yo sería incapaz de mantener limpio. Él le busca la mirada. Como no la encuentra, cambia de táctica. —Cariño —dice. Y sé de inmediato que ha sido un error de estrategia. Porque ese «Cariño» ha sonado exactamente como un «Mujer, no te lo tomes todo tan a la tremenda». Ella no levanta la mirada de la punta de sus zapatos. —Si no has hecho nada por lo que tenga que estar enfadada entonces no estoy enfada —dice, y luego, con el siseo que hace una guillotina al caer, añade —¿No crees? Él intenta una sonrisa. Alarmada, niego con la cabeza, y la sonrisa retrocede. —Cariño —repite. En el preciso instante en el que el ascensor abre las puertas, ella levanta la vista. Retrocedo, con rapidez y sin un «¡Adios!» de cortesía. Antes de que las puertas se ci...